¿Es difícil amar cuando sabes lo que amas?

Hace unos meses tuve una grata visita de uno de mis primos, platicando de diversos temas me pregunto acerca de la relación que tenía su hermano con una nueva mujer y comenzamos a platicar acerca de ello. Cuando la platica se torno más interesante me hizo la siguiente pregunta ¿Es difícil amar a tu pareja sabiendo como “Psicologa” lo que es el amor? Su pregunta me resulto de lo más curiosa. Acto seguido comentó.  “Debe ser difícil amar a alguien que sabes que aun que lo ames mucho, puede fijarse en otras mujeres o puede sentirse atraído por otras personas, es decir, como puedes saber que alguien te ama cuando pueden atraerle otras personas o les pueda gustar alguien más. ¿No sientes celos?

Su comentario me pareció de lo más gracioso y también de lo más interesante, así que el día de hoy me tomaré un tiempo para platicar acerca del amor y la elección del partenaire.

Hablar de amor y de sexualidad es hoy en día un tema ya bastante masticado y fundamental en el ámbito psicoanalítico cuando hablamos acerca de las relaciones de objeto, sin duda, algo elemental en el análisis. Claramente, la cuestión de amar a alguien y la cuestión de desear sexualmente a otra persona no siempre irán de la mano.  Se puede desear sin amar y amar sin desear y es que hablar de atracción sexual en términos de sexo coital por otras personas, es muy diferente de hablar sobre el amor. Dicha atracción por otras personas será algo que siempre estará en movimiento al considerar otros factores, incluso biológicos en el ser humano. Claro está, que saber esto no te deslinda de sentir celos si tu pareja se fija en otras personas y más que hablar de amor, estaríamos hablando de una cuestión narcisista en la que no logró ser para el Otro lo que yo quiero que el vea que soy. Creer que tu pareja no te ama por mirar a otra persona, parece una idea distorsionada de lo que es realmente ser amado. “Me gusta cómo me amas, pero si no me amas como quiero que me ames, entonces no me amas”

Para responder a la pregunta de mi primo vamos a comenzar preguntándonos antes que nada ¿Qué es el amor? ¿Quién es aquella persona a quien yo amo y a quien considero como irremplazable? ¿Qué es lo que me une tan fuertemente con otra persona y lo que hace de ella una fuente de deseo para mí? ¿Por qué amamos o nos enamoramos?

Cuando tenemos ante nosotros a una persona que despierta una especie de deseo y de atracción, iremos respondiendo a ella paulativamente envolviéndola de fuertes cargas de sentimientos de amor, odio y angustia, así, poco a poco, esa persona irá fijándose en nuestro inconsciente a través de diversas representaciones simbólicas, siempre vinculadas a personas que nos han marcado en el transcurso de la vida, debido a ello, todos aquellos conjuntos de imágenes y de significantes que he enlazado con la persona amada hasta transformarlo en un doble interno será convertido en el fantasma del elegido.

A continuación, me dedicaré a explicar a partir de David nasio de que hablamos cuando hablamos del fantasma del amado y lo que soy yo para mi amado.

Fantasma, es el nombre que adjudicaremos a la soldadura inconsciente del sujeto con la persona viviente del elegido. Dicha soldadura será operable en mi inconsciente como una aleación de imágenes y significantes vivificados por la fuerza real del deseo que el amado suscitará en mí, que yo suscitaré en él y que nos unirá.

Pero dicho fantasma del amado, al mismo tiempo que es llevado por la fuerza del deseo, que nos hace quererlo tanto y aferrarnos a él, tendrá como función no únicamente el de hacernos sentir bien en todo momento como una persona que nos ama y nos satisface, sino que, podrá doblegar al mismo tiempo dicha fuerza deseante evitando así que el deseo consiga una satisfacción absoluta, por ello, este fantasma instalará la insatisfacción y asegurara una homeostasis en el sistema inconsciente, así, la función protectora de la persona del amado, será en realidad la función protectora del fantasma del amado por que nos preservará del peligro que significaría una desmesura del deseo trayendo como consecuencia un peligroso caos pulsional.

La persona amada cesará de ser únicamente una instancia exterior y vivirá ahora en el interior de nosotros como un objeto fantasmatizado que resituará nuestro deseo al hacerlo insatisfecho en el límite de lo tolerable. Traduciremos la insatisfacción del deseo en la realidad cotidiana como el descontento respecto a nuestra pareja, de un amado a quien consideramos no solo como el Otro del amor, sino también como el Otro de nuestras quejas, reproches y recriminaciones.

Cuando amamos a una persona, lo que realmente estamos amando no es a esa persona como tal, si no, a un objeto que se encuentra investido de todas nuestras representaciones inconscientes y que es capaz de devolvernos, con su presencia real, aquello que hemos depositado en él que no tenemos en otro lugar. Podemos llegar a sentir que esa persona amada es, por, sobre todo, la persona perfecta debido a que tendemos a idealizar a la persona del amado, amar es también, desde el punto de vista narcisista, querer ser amado. Decir esto no significa que no necesitemos de la persona física y externa a quien amamos ya que nuestra pareja será para nosotros un cuerpo activo y deseante de donde provienen las excitaciones que estimularán mi propio deseo, el cual carga a su vez con el fantasma y además, por que dicha persona es un cuerpo en movimiento, cuyo paso será proyectado en el interior de mi psiquismo como una imagen interiorizada que me remitirá a mis propias imágenes.

Pero. ¿Por qué amamos a alguien que nos insatisface constantemente? ¿No debería ser al contrario y nuestro amado debería ser alguien que nos satisface en todo momento?

Pongamoslo de la siguiente manera.

Para poder desear, necesitamos estar en falta, sin esa falta, sin aquel núcleo de atracción que es la insatisfacción, el vuelo circular del deseo se enloquecería y no habría entonces sino dolor y sufrimiento. Si la insatisfacción es vivida, pero resulta soportable, el deseo persistirá activo y el sistema psíquico podrá seguir estable. Por ello, cierto grado de insatisfacción es vital para conservar nuestra consistencia psíquica, pues sin insatisfacción no estamos en falta, sin falta no hay deseo y sin deseo, morimos. Trata de imaginar como sería vivir todos los días sin desear absolutamente nada. ¿Difícil verdad?

pero ¿Cómo podemos mantener dicha insatisfacción dentro de los límites de lo tolerable y evitar así la frustración? Bueno, pues es ahí donde intervendrá nuestro partenaire, el ser de nuestro amor, porque será él quien jugará un papel de insatisfacción de mi deseo y por lo mismo, de polo organizador de dicho deseo. Pero, ¿cómo aceptamos que nuestra pareja puede tener dicha función castradora capaz de limitar mi satisfacción? Ese papel restrictivo del ser amado puede ser desconcertante, porque normalmente atribuimos a nuestra pareja el poder de satisfacer nuestros deseos y de procurarnos placer. Tenemos la ilusión de que nos da más de lo que nos priva, pero su función, en el interior de nuestro inconsciente, es muy diferente, pues nos asegura la consistencia psíquica por medio de la insatisfacción que hace surgir y no por la satisfacción que nos procura.

Nuestro partenaire, el ser de nuestro amor, nos insatisface porque, al excitar nuestro deseo, no puede y no quiere satisfacernos plenamente. Como es humano, no puede y, al ser neurótico, no quiere. Es decir que es a la vez un excitante de mi deseo y al mismo tiempo el objeto que solo lo satisface parcialmente. Podrá excitarme, procurarme un goce parcial y con ello, dejarme insatisfecho. Así crecerá esa insatisfacción que me es necesaria para vivir y que resituara mi deseo dentro de un límite.

Ahora bien, es hora de preguntarnos ¿Qué soy yo para la persona que amo? ¿Qué soy yo y mi cuerpo, para su fantasma? Tomemos como ejemplo la metáfora de una hiedra. La hiedra es una planta viviente que no solo se arrastra y trepa, sino que se aferra a sus zarcillos a lugares muy particulares de la piedra, en sus grietas y rajaduras. De forma análoga, mi apego al otro elegido, la hiedra que yo recubrí en él transformándolo en mi objeto fantasmatizado, es una soldadura que no pretende cualquier lugar, sino, exactamente en los orificios erógenos del cuerpo, allí donde él mismo irradia su deseo y me excita sin por ello conseguir satisfacerme. Y, recíprocamente, es en mi cuerpo, en los puntos de emisión de mi propio deseo, donde se fijará su fantasma.  Sabrán entonces pues que mi propio fantasma anudará un lazo tanto más poderoso si, a mi vez, yo soy la persona viviente en la que se ha construido su fantasma, si tan luego yo me he vuelto el regulador de su insatisfacción. En otros términos, mi fantasma será un nudo tanto más estrecho cuanto yo soy para el otro lo que él es para mí: El elegido fantasmatizado.

Y entonces, señores, eso es, lo que llamaremos la elección de la pareja y el enamoramiento, mismo que será más grande cuanto más grande sea el fantasma del partenaire.

Resumiendo, a groso modo. Amar y ser amado no es realmente una cuestión desconocida, la atracción sexual es importante, es verdad, en especial cuando se comienza a despertar el deseo por una persona, tu pareja podrá sentir atracción sexual por alguien más, la cuestión de los celos existe al creer que es a partir de esa atracción que puede despertarse un deseo en el partenaire que ya no eres solo tú. Pero, la parte del enamoramiento, el amar a alguien y la elección de la pareja es mucho más complejo, tal como se ha descrito anteriormente. Los celos serán la reacción ante una supuesta pérdida del amor que el amado tenía y que se dirige en provecho de algún rival. Los celos son un afecto en el que se mezclan el dolor de haber perdido el amor del amado, la integridad de la propia imagen narcisista, el odio contra un rival, los autoreproches por no haber sabido conservar un lugar, angustia al sentir la amenaza de una eventual pérdida del amado o de su amor y, finalmente, angustia por la amenaza de que el ser amado retire su amor.

¿Saber todo esto impide que sea capaz de amar a alguien o lo hace dificil? La respuesta es no. Por una simple y sencilla razón.  A pesar de estudiar y conocer los mecanismos psíquicos del sujeto y tratar de racionalizar cualquier situación que nos aqueje por medio de teorías psicoanalíticas no exentará al psicoterapeuta de las manifestaciones inconscientes. A final de cuentas seguimos siendo sujetos insatisfechos, en falta y deseantes. Saber por que amamos o como amamos y conocer los procesos psíquicos e identificarlos no podrá salvarte nunca de lo más poderoso que existe. El inconsciente.

Interrogantes a partir de una lectura entre el acting out y un pasaje al acto.

Hace poco tiempo me tope con un artículo que hablaba de uno de los elementos más importantes dentro del ámbito de las psicoterapias psicoanalíticas. “Pasaage to act (Pasaage Á L`acte), Acting Out and analytical act, change of subject-other relations” surgen varias dudas que deseo retomar y plantear al lector en general.

Queda claro que el Acting out puede definirse como un acto de repetición inconsciente, cómo una forma de traer el pasado al presente, un recuerdo reprimido que emerge ya no como un recuerdo si no ahora como un acto. La lectura nos dice al mismo tiempo que en la cura psicoanalítica se apunta precisamente a romper el ciclo de repetición en acto del recuerdo que es doloroso a partir de la asociación libre, el cual servirá de apoyo al paciente para recordar. tomando todo esto como antecedente, surge en mi la interrogante… ¿Recordar y hablar aquello que ha venido a la consciente por medio de la asociación libre evitará llevar a cabo un acting out?

Más adelante se comenta que el acto estará dirigido a un otro que no escucha y que por lo tanto hará imposible el recuerdo, gusto de la siguiente cita “Cuando el Otro se ha vuelto sordo, el sujeto no puede transmitirle un mensaje en palabras por lo que se ve orillado a expresarlo en acciones” (Lacan, 1968,p.76).

Entonces, el casting out será un mensaje que el sujeto dirigirá a un Otro que no escucha a pesar de que el sujeto no entiende su contenido, ni el por que de su manifestación, sino que simplemente irrumpiría como un acto ajeno a él.

Viene a mi mente en estos momentos cuando un docente de la materia psicoanalítica comento un ejemplo reciente sobre el acting out. Este, platico acerca de una chica que durante sesión menciono que “Le chocaba su madre”, unos días después, la paciente regresa con un collarín en el cuello y comenta que choco su coche cuando iba a recoger a su madre al trabajo, curiosamente, esta chica choco su automóvil contra un camión de productos lácteos; Esto puede ser la manifestación de un casting out. ¿Ella hizo casting out por que el terapeuta no escuchó o interpreto en tiempo y forma lo que ella quería decir? ¿Cómo es esto posible?. Me hace pensar que más que un casting out estamos hablando de un pasaje al acto.

Para Lacan,en el pasaje al acto, no existe un mensaje que este dirigido al otro, por el contrario, es una huida respecto a ese otro. Pero Jean Allouch comenta que para él el pasaje al acto es lo que el lenguaje no puede hacer que es llevado a lo real, algo en el plano de lo lingüístico que se realizará en el acto.

si tomamos las definiciones entre Acting Out y pasaje al acto y tomamos el ejemplo de la chica que choco su coche. Quedaría establecido de la siguiente manera.

En el Acting Out: Se actúa un recuerdo o un deseo reprimido que va dirigido al Otro, es decir, se actúa lo que no se dice por que lo demuestra con un acto.

En el pasaje al acto: No hay una demanda al Otro, para Lacan se trata de la huida del otro, pero existe algo lingüístico que se realiza en el acto; En el ejemplo de la chica que chocó, la mujer ha dicho “me choca mi madre” más adelante ese discurso se lleva al acto cuando choca yendo al trabajo de su madre)

Entiendo por mi misma que cuando se dice algo dentro del discurso del paciente a través de las asociaciones libres. ¿Entonces no se llevará a cabo el acting out, puesto que se ha ducho lo que se desea que el Otro escuche? Es decir,  bajo la lógica referencial de la evitación del acting out. “cuando se dice algo entonces no se actúa”o “Lo que no se dice, se actua”

Contradice un poco lo que se entiende por pasaje al acto, en lo cual, algo lingüístico se realizaría en el acto, (Para de alguna forma poder ser escuchado) puesto que el acto realiza algo a lo que el lenguaje de ninguna manera puede acceder. (Si en el pasaje al acto no se es escuchado a través del discurso, lo lingüístico se lleva a cabo en un acto, es decir, entonces, ¿En el pasaje al acto si existe un mensaje dirigido al otro?

¿Cuando se dice algo entonces no se actúa? o ¿Se actúa a menos que el Otro no escuche o no logre tomar en cuenta esa escucha que el sujeto demanda a ese Otro? ¿Como es entonces que puede evitarse un casting out o un pasaje al acto?

En el Acting Out se actúa lo que no se dice o esta reprimido, pero para el psicoanálisis hacer recordar al paciente por medio de las asociaciones libres favorece que el recuerdo llegue y se manifieste en el discurso más no en el acto. Es decir, si el recuerdo reprimido emerge en forma de recuerdo, no emergerá como un acto.

Pero, en el pasaje al acto, algo lingüístico se realizará en el acto…

Queda claro para mi que es fundamental que el discurso que el paciente de, pueda ser reconocido o interpretado por el analista en el momento en que se dice, y quizá de esta forma se ayudará a evitar un acting out o un pasaje, aun que no siempre dependerá del terapeuta.

Siguen muchas interrogantes abiertas que han surgido a través de dicha lectura, en cuanto tenga las aclaraciones necesarias procederé con la segunda parte.

El Inconsciente Que Es Inconsciente.

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Por: Stephania Medmart.

Han pasado más de 100 años de trayectoria desde que el psicoanálisis nació  y  actualmente, a pesar de tener conocimientos sobre lo que Freud postula sobre el inconsciente, sigo pensando realmente ¿Qué tanta consciencia tenemos de aquello que creemos conocer? ¿Cómo es posible que aun sabiendo esto, el hombre trate día con día de poder llamarse a sí mismo como un ser humano meramente consciente y racional? ¿Cómo podemos abordar el tema de lo inconsciente cuando actualmente existen quienes niegan la existencia de este hecho?

Para tratar de dar respuestas a dichas interrogante me remontaré a 1917 en donde Freud en su escrito “Una dificultad en el psicoanálisis” hace una explicación breve acerca de que el hombre seguía siempre la impresión de sus percepciones sensoriales puesto que no advertían movimiento alguno de la tierra y donde quiera que este viese, su vista se encontraría siempre en el centro de un circulo.

Esta situación le garantizaba al hombre una función predominante en el universo haciéndole parecer y sentirse dueño señor del mundo. He de decir que cuando Freud explica esto estará refiriendo a que desde un inicio el hombre ha tendido a sentirse dueño de todo aquello que de él emane a través de lo que se cree conocer. Si hacemos una relación de lo anterior con el tema de lo qué es lo inconsciente y el rechazo del mismo, estaremos diciendo que tal cual ha sucedido en el transcurso de los años, para el hombre hoy en día, ser capaz de reconocer que existe algo más allá de su dominio o de su conocimiento no será fácil de aceptar.

Los hallazgos de Freud han representado una herida narcisista en el hombre al hacerle notar que un sujeto no es consciente completamente de su mente y que por más que deseemos tener su dominio, el inconsciente, aquello que no conocemos, siempre saldrá en la medida de sus posibilidades a demostrarnos que hay algo más allá de nuestro saber.

Ahora bien. ¿Qué entendemos por inconsciente? Entenderemos icc cómo todos aquellos actos psíquicos cuya explicación presupondrá otros de los que la consciencia no nos ofrecerá testimonio alguno y esto es algo que podremos observar no solamente en personas enfermas, sino también en personas sanas. “Nuestra cotidiana experiencia personal nos muestra ocurrencias, cuyo origen desconocemos, y resultados de procesos mentales , cuya elaboración ignoramos”  (Freud, 1914-1916).

Ahora, ¿Cómo podremos nosotros identificar cuales o cómo son las manifestaciones del inconsciente? ¿Cómo es que nosotros podemos preguntarnos si durante algún acto hay inconsciente?

Todas las formaciones del inconsciente se presentarán como actos, palabras o imágenes que surgirán de nosotros de forma inesperada ya sea como actos fallidos, olvido, sueños, lapsus o incluso cómo algo tan simple como la intervención repentina de una canción o un poema.

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Freud consideraba al inconsciente como el fondo de toda la vida psíquica y nos decía que habría que considerar a lo inconsciente como un círculo gigante que encerraría a lo consciente como un círculo más pequeño. En el escrito tomo XIV “Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico, trabajos sobre la metapsicología y otras obras”  Freud explica el acto psíquico como aquello que pasará por dos estados o fases en el que en un primer lugar aquello que es inconsciente para nosotros pasará a través de una especie de examen por medio de lo que llamaremos “Censura”; si dicho fragmento inconsciente es rechazado por esto se le impedirá continuar a la segunda fase en la que estará presentándose de forma preconsciente, es decir, no llegará a la consciencia por totalidad hasta que algún evento venga a desencadenar aquello que ha quedado de alguna manera guardado en el preconsciente superando así la barrera de la represión.  ¿A qué barrera me refiero? Bien, si volvemos a la fase número uno y aquello que es inconsciente no logra pasar a la consciencia ni al preconsciente, estaremos hablando entonces de que aquello ha sido reprimido por completo quedando en aquel  fondo de la vida psíquica.

Sin embargo, hablando desde el punto de vista económico, aquella energía inconsciente en algún momento podrá llegar a franquear la barrera de la represión y será exteriorizado bajo otra representación o si queremos llamarlo así, pasará a ser exteriorizado de una forma disfrazada.

Esto podrá observarse en las neurosis obsesivas, histerias o fobia
s en las que aquello que ha logrado escapar del inconsciente será manifestado ya sea como una idea repetitiva y compulsiva, un objeto investido de aquella representación intolerable para el psiquismo o cómo un síntoma somático.

Hoy en día no podemos negar la existencia de lo inconsciente puesto que no podemos afirmar que el ser humano es dueño y amo de su consciencia. ¿Por qué a pesar de los hallazgos de Freud existen personas que siguen negando la existencia de un inconsciente? ¿Por qué hoy en día se niegan a aceptar dicha teoría solamente por qué no son capaces de conocerlo o de demostrarlo científica o cuantitativamente hablando? ¿Será que inconscientemente saben que hay un inconsciente que les impide aceptar que no tienen total dominio de sí mismos? Recordando el nombre del libro de Maud mannoni y sin usar cómo referencia más que su nombre “Un saber que no se sabe”… que se sabe, pero a lo inverso “Un desconocimiento que inconscientemente sé conoce que se desconoce” podrá explicar en pocas palabras a que me refiero cuando hablo de un inconsciente que es inconsciente.

 

La Cura En La Clínica Psicoanalítica.

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Por: Stephania Medmart.

Hablar de cura dentro de una concepción en términos psicoanalíticos es hoy en día un tema de discusión bastante amplio. Tema que decidí abordar  partir de las interrogantes que surgieron a lo largo del trabajo terapéutico que he realizado cómo practicante. ¿El Analista puede curar a un paciente? ¿Puede el analista remover o curar el síntoma de algún paciente?

En primer lugar, dejaré claro que pretender eliminar los síntomas en el paciente será parecido a querer callar las voces manifestadas por el analizado, ya que los síntomas serán la expresión visible de una lucha entre un conflicto inconsciente del yo contra un sufrimiento inconsciente; es decir, el síntoma pasará a manifestar aquello que el enfermo no es capaz de tolerar y expresar conscientemente.

Hoy en día es innegable que el psicoanálisis produce efectos curativos, dicho de otro modo, efectos de disminución o desaparición del sufrimiento del paciente, mismos que podrán ir apareciendo a lo largo de un tratamiento psicoanalítico de forma rápida o tardía. Sin embargo, por medio de esto podemos afirmar que al analista no le queda más que esperar alguna mejoría de las posiciones subjetivas y objetivas en las que se encuentra el analizado. Pero ¿Cómo podemos pensar la cura? Entendamos la cura dentro de la terapia como cierto tipo de logros terapéuticos que, en términos generales, tienen que ver con la disminución de un dolor psíquico y la capacidad de un sujeto para poder enfrentar los conflictos inherentes a la vida. Hemos de interrogar al terapeuta dentro de su deseo por curar ¿Qué bien persigue exactamente en relación al paciente? De querer el bien para él ¿Con qué vara se debe medir el bien para procurar en el otro? ¿Puede el analista buscar una meta curativa del análisis? De ser así estaríamos asignando limites artificiales al trabajo analítico así como orientando confusamente la participación de nuestra escucha con el analizado y caer en aquel papel contratransferencial que podemos nombrar cómo orgullo terapéutico.

Debemos recordar, para que un análisis pueda funcionar llevándonos a conocer el origen de aquello que al paciente aqueja, será necesario escuchar a través de la asociación libre todo aquello que venga a la mente del analizado y sea capaz de traer a la memoria durante el transcurso de la sesión. Partiendo de este principio fundamental para el psicoanálisis, podemos decir entonces que el paciente es quien dirigirá la cura y será trabajo del analista aprender a describir y a devolver a través de la escucha todos aquellos elementos importantes que el paciente dirá en su discurso, sin caer o pasar a ocupar el lugar de un analista deseante de una meta terapéutica para el paciente. Dicho de otro modo, el analista no deberá situarse en el papel de “Yo elijo” “yo hago” “yo te diré que hacer” y deberá limitarse a tener una escucha activa que le permita devolver o bien dirigir de alguna forma la cura analítica que el paciente desea, sin dirigir la cura analítica hacia su propio deseo. Aun así, el problema de la cura será remitido a las relaciones diferenciadas entre psicoanálisis y psicoterapia.

Cualquiera que consulte a un psicoanalista será un paciente, esto es, alguien que padece, y, siendo así, esperará ser aliviado de su padecimiento. “Un psicoterapeuta se ofrece a aliviar su sufrimiento, cualquiera que éste sea; ofrece, en una palabra, curar. Un psicoanalista, en cambio, ofrece escuchar. La curación queda fuera de sus planes. Incluso, los que tal vez podríamos llamar “pequeños sufrimientos” del paciente tienen tan sólo la función de brújula que, de alguna manera, orientan el camino. Pero tendrán que ser reemplazados por los “grandes sufrimientos” existenciales para que una “cura analítica” tenga lugar” (Hambra, 2014).

Sin embargo, dentro de la clínica psicoanalítica también debemos enfrentarnos contra las resistencias del paciente, es decir la hostilidad que un sujeto puede tener hacia los descubrimientos psicoanalíticos o a todos aquellos contenidos inconscientes que no se desea expresar.  Estas resistencias podrán alargar la duración del tratamiento en la clínica. Habrá momentos dentro del trabajo clínico en que el analista podrá sentir algún avance con el paciente y, justo cuando ambos sientan que están acercándose al punto principal que origina algún síntoma, las cosas podrán cambiar y el paciente parecerá no querer enfrentar aquello que origina un padecer, trayendo cómo consecuencia una prolongación del análisis. Aun así, el tiempo necesario para que un análisis finalice dependerá sobre todo del trabajo terapéutico de ambos, sin que el analista pierda de mente el objetivo del trabajo terapéutico; hacer consciente lo inconsciente evitando la compulsión a la repetición; brindando al paciente las herramientas necesarias para enfrentarse con los acontecimiento de la vida diaria.

Para poder concluir debo recalcar la importancia de poder diferenciar hasta qué punto el analista interfiere en el tratamiento clínico del paciente y, si se llegará a tener la urgencia por curar y concluir el análisis, hemos de preguntarnos primero ¿Concluir el análisis para quién? ¿Para el analizado o para el analizante?

Todo paciente que llegue a nuestro consultorio traerá consigo una demanda diferente a los demás.A pesar de tener casos con ciertas similitudes ninguna cura podrá ser igual para todos, ya que cada uno de los pacientes traerá consigo un padecer originado de diversas maneras y en diversos contextos. La cura en el análisis estará dirigida en el trabajo analítico entre paciente y terapeuta, el paciente dirigirá la cura en función de la asociación libre y el analista marcará el camino a través de su escucha y la interpretación otorgada al analizado.

 

“La curación no es un fin que el analista debe alcanzar, sino un efecto secundario del análisis, que el analista puede esperar” (Nasio, 2012)

La Química Del Psicoanálisis.

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Por: Stephania Medmart.

¿Psicoanálisis y química?

Parece complicado poder hablar de psicoanálisis y química en un mismo texto.

¿Acaso existe alguna relación entre una ciencia que estudia la composición y la estructura de la materia con una disciplina que estudia e investiga la estructuración de la psique?

Para poder comprender esto debemos remontarnos al año 1918 en el que Freud aborda un texto importante llamado los “caminos de la terapia psicoanalítica“, en este texto Freud hace una analogía entre el psicoanálisis y la química comentando que el labor del químico podría aislar el cuerpo simple de un elemento químico, de la sal, en la cual se había mezclado con otros elementos haciéndolos irreconocibles y que por tanto el analista era capaz también de mostrar al enfermo aquellos mismos elementos anímicamente hablando que se habían ido mezclando logrando así componer o provocar en el sujeto algo que tampoco lograba ser reconocido por sí mismo.

Para Freud la palabra “Análisis” significaba descomposición y disociación, es por ello que Freud toma como referencia no cualquier tipo de química, sino, la química analítica, la cual tiene como finalidad el estudio de la composición química de una materia mediante diferentes métodos de laboratorio, esta puede ser cuantitativa o cualitativa.

En la terapia analítica al igual que en la química se trata de poder estudiar aquellos elementos que componen o descomponen una estructuración en la persona analizándose en el laboratorio personal del analista, es decir, el consultorio.  A continuación, daré un ejemplo de a que podríamos referirnos cuando hablamos de psicoanálisis y química como algo similar.

Hablaré brevemente acerca de las relaciones. La química en general nos habla de distintos tipos de átomos y moléculas existentes en la naturaleza. Los átomos se agrupan en moléculas y existen entre ellas  diversos tipos de enlaces. (Ionicos, covalentes y metálicos) las personas también somos capaces de enlazarnos libidinalmente o energéticamente hablando unas a otras.

Podemos tomar como analogía el tipo de relaciones químicas con las relaciones libidinales de las personas las cuales podrían ser relaciones ionicas (Muy fuertes) covalentes (Fuertes) y metálicas (en las que no existe posibilidad de una transformación o movimiento)

Un enlace química ionico implicaría ceder o perder, se refiere a un tipo de enlace muy sólido y simple, si comparamos una relación entre dos personalidades de tipo “ionica” podemos referirnos a una relación excesivamente dependiente y con poca capacidad de cambio en donde uno es el positivo y otro el negativo, muy próximo a lo perverso.

Si hablamos de un enlace químico covalente hablaremos de un enlace que implica el compartir electrones en donde las moléculas pueden ser sólidas y cada átomo es “uno” en la relación molecular, una relación entre dos personalidad de este tipo puede dar lugar al cambio, la estabilidad y al compartir, más próximo a  lo neurótico. Sin embargo, cuando hablamos de un enlace metálico, implicaría que los átomos se unen de forma muy cercana unos a otros produciendo estructuras muy compactas y rígidas en donde los átomos ocupan posiciones estáticas y muy fijas, en una relación de este tipo implicaría el “quedar enganchado a” más próximo a lo psicótico. Claro está que todo esto no puede ser medible cuantitativamente como en la química, sin embargo no podemos negar que la similitud está en la producción de una energía que circula.

Freud no es el único que hace relación entre psicoanálisis y química, Carl Gustav Jung concebía la relación entre analista y paciente como una semejanza entre dos cuerpos químicos refiriéndose a la transformación posible gracias a la transferencia.

“Cuando dos cuerpos químicos se combinan, ambos quedan alterados. Lo mismo sucede en la transferencia” (Jung, 2006, p. 166)

Sin embargo,  Freud plantea lo que podría ser el eje central de su comparación. Funda que las mociones pulsionales constituyen los elementos que forman los complejos o los síntomas cuya suma o conjunto crearán la enfermedad. Este ejemplo marca la convergencia entre analista y químico, el analista por reducir los síntomas de las mociones pulsionales separando al igual que el químico, los elementos que componen alguna estructura. “La química manipula sustancias, el psicoanálisis manipula pulsiones” (Assoun, 2001)  Vemos entonces que lo que hace la analogía con la química es la representación atomística, diría Freud entonces que las pulsiones en calidad de componentes de la vida psíquica, serían comparables a los componentes de la materia.

Es importante tomar en cuenta todas estas elaboraciones análogas que Freud hace con respecto a la química y el psicoanálisis, pues si llegamos a decir que ambas son parecidas sin un fundamento teórico tal cual Freud planteó, la similitud entre ambas ciencias resultará poco evidente.

La comparación que hace Freud entre ambos estudios resulta novedosa y justificable para demostrar la seriedad que S. Freud daba al psicoanálisis. Hoy en día podremos encontrar quienes se opongan completamente a esta idea, la credibilidad de esto dependerá directamente de la persona que lo lea.